EDUCACIÓN UNIVERSITARIA GRATUITA
Sergio Zúñiga
Viernes 12 de agosto de
2011
Hay quienes creen que la llamada
“Educación Universitaria Gratuita”, al estilo argentino o mexicano, es una gran
conquista social en esos países. Pero hay varios mitos al respecto.
Claramente es deseable un país
educado, eso no está en discusión. El punto es definir con precisión cuál es la
estrategia apropiada para llegar a convertir el nuestro, en un país con
educación amplia y de calidad. La educación universitaria gratuita conlleva
varios efectos muy relevantes, y que deben ser considerados:
1) Costo de oportunidad.
Formar un médico cuesta unos 50 millones de pesos. Un ingeniero o un abogado
cuesta unos 30 millones de pesos, etcétera. Al nuevo doctor, ingeniero o
abogado le parecerá que el sistema de educación universitaria gratuita es una maravilla,
pues él no pagó nada. Como un beneficiado, para él es un sistema perfecto, y
pensará que se debe defender. Educación Universitaria Gratuita en esencia
significa que el alumno no paga por ella. Sin embargo, la educación cuesta, y
quién la paga es el contribuyente por medio de sus impuestos. Puesto que en el
país existen recursos limitados y necesidades múltiples, la educación gratuita
se traduce en que necesariamente el Estado deja de hacer algo más, por ejemplo
en salud, vivienda, ayuda a los indigentes, etcétera. Siempre habrá usos
urgentes para los recursos públicos. Y no estamos hablando de poco dinero.
2) Justicia Social. Todo
el dinero que cuesta la educación superior gratuita será aportado
involuntariamente por los contribuyentes (por eso se llaman impuestos), y por
eso son más pobres. El grupo de pobres, incluyendo aquellos en pobreza extrema,
directa o indirectamente terminarán financiando los estudios universitarios
gratuitos, ya que dejan de recibir beneficios sociales, porque los recursos se
destinaron a pagar la educación universitaria de los que podían pagar. Esto
injusto socialmente. Uno podría pensar que esos profesionales devuelvan parte
del costo de la educación que recibieron, trabajando voluntariamente gratis,
pero sabemos que esto no ocurrirá.
3) Los graduados no vienen
de la extrema pobreza. Si dada la limitada capacidad que tendría el sistema
universitario público para formar gente, se establecen exámenes de admisión,
ocurrirá que, tal como en la Universidad Autónoma de México (UNAM), de cada
cien jóvenes sólo aceptan diez. El problema es que invariablemente los
aceptados son los que tienen mejores condiciones económicas. Luego, los
graduados no provendrán de las familias en extrema pobreza, sino que
típicamente será alguien que podía pagar su educación. Sin embargo el sistema
de “educación universitaria gratuita para todos” no se lo exigió.
4) Moralidad: Un sistema
de educación pública universitaria gratuita se basa en transferencias no
voluntarias, es decir a través de la coacción, por medio de impuestos. Y como
los impuestos se pagan por la fuerza, no tienen fundamento moral, ya que van
contra un principio fundamental, que es el respeto a la libertad de las
personas, limitado por el respeto a la libertad de los demás. Para muchos
liberales, este por sí es un principal argumento contra la educación
universitaria gratuita.
5) Menor proporción de
alumnos titulados. Producto de la gratuidad, aumenta el número de personas que
tendrá la intensión de estudiar en la universidad. Claramente, al bajar el
precio de un bien o servicio, aumentará la cantidad demandada del mismo. Si no
se establecen exámenes de admisión, una gran cantidad de gente sin las
aptitudes o inteligencia necesarias, entrará a estudiar. En consecuencia, una
mayor proporción de alumnos desertarán, es decir que no terminan de estudiar.
Este fenómeno de aprecia muy claramente en Argentina y México. Adicionalmente,
una universidad que no establece sistemas de admisión basados en el mérito, no
puede aspirar a la excelencia.
6) Mayor número de años en
sacar una carrera. Si no se aplican exámenes de admisión, un número mayor de
estudiantes, por sus limitaciones, se tardarán mucho más tiempo en obtener sus
títulos, reprobando materias, y haciendo que su formación sea más cara para la
sociedad. Es decir tardarán 7 o más años en sacar una carrera que debió tardar
4 años. Este costo adicional también lo termina pagando la sociedad. Hay varias
experiencias de universidades públicas latinoamericanas en que los estudiantes
se casaban, tenían hijos, y no se titulaban para seguir viviendo en los
departamentos de la universidad. Toda su familia terminaba usando los casinos,
beneficios de salud y becas de esas universidades, y limitando el uso de estos
beneficios por nuevos alumnos.
7) Educación superior
pública significa universidades públicas, gestionadas por el Estado. Dada la
experiencia mundial, esto a la larga se traduce en menor calidad, lo que queda
muy claro en la experiencia de Europa continental.
En resumen, un sistema de
financiamiento justo de la educación superior puede enunciarse en breve como
sigue: “Quienes tienen aptitudes, méritos y además tienen recursos económicos,
deben pagar ellos mismos por su educación superior. Quienes tienen aptitudes y
méritos, pero no tienen recursos económicos, deben recibir subsidios para poder
estudiar. Lamentablemente, los que no tienen aptitudes ni méritos, no deben
recibir subsidios económicos públicos para estudiar educación superior”.